LABORES VIÑA, vino de rufete

Envero

Con la llegada del verano afrontamos la recta final del ciclo, es el momento de realizar las labores de deshojado de la parte basal de las cepas y aclareo de racimos.

Estamos a mediados de agosto, si tenemos en cuenta que hace unos siete días nos encontrábamos a mitad del envero, podemos calcular que vendimiaremos sobre el veinte de septiembre.

Racimos de rufete a comienzos del envero

Debido al microclima característico de nuestra zona, tenemos una amplia oscilación térmica entre el día y la noche, además en estas fechas suelen bajar las temperaturas y la insolación ya es menor, por lo que es conveniente abrirle paso a los primeros rayos del sol para que penetren en el interior de las cepas y lleguen hasta los racimos, así nos aseguraremos una buena maduración.

Dos de las cepas más viejas de la viña “El Calvario” antes y después de deshojar y aclarear.

El deshojado lo hacemos para reducir la cantidad de hoja en el centro y parte baja de las parras en la cara que da al sol naciente con el fin de que circule el aire, mejore la sanidad de la cepa y entre el sol a los racimos.

El aclareo lo hacemos para reducir la cantidad de uva, eliminando partes del racimo o racimos enteros sobrantes para obtener una mejor calidad en sacrificio de la cantidad.

El aclareo lo hacemos para reducir la cantidad de uva, eliminando partes del racimo o racimos enteros sobrantes para obtener una mejor calidad en sacrificio de la cantidad.

El aclareo de racimos se realiza sobre la mitad del envero, no es conveniente adelantarse para que la presencia de todos los racimos sirva como estimulante de la actividad fotosintética de la vid.

Restos de pámpanos y racimos después de hacer el trabajo

Al eliminar parte de la carga de la cepa, se intenta mejorar la maduración de la uva restante ya que ésta recibirá más recursos. Por otro lado, es importante mantener un buen equilibrio entre la superficie foliar y el peso de los racimos para conseguir una intensa y concentrada acumulación de azúcares en las bayas.

De esta manera, a medida que avanza la maduración las uvas van cambiando de color y poco a poco van tomando los ácidos y azúcares necesarios para darnos un vino de calidad en el plazo de aproximadamente un mes, contando desde que los racimos están más o menos al sesenta por ciento del envero.

Cepas de tempranillo deshojadas en la cara del sol de la mañana.

Próximamente comenzaremos a realizar muestreos para ir viendo cómo avanza la maduración con el objetivo de marcar el inicio de la vendimia cuando tengamos la uva en el punto óptimo de azúcar y acidez.

Jaulón con parte de las botellas de 2019

Durante este mes de agosto alternamos las labores del campo con los trabajos de bodega. Ya hemos embotellado nuestro primer Pedro Martín dentro de la Denominación de Origen Protegida Sierra de Salamanca, pero será en el próximo artículo donde os hablaremos de cómo ha transcurrido este proceso y os mostraremos el resultado.

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