Viña “La Hontanilla”

Se incorpora al proyecto Vino Pedro Martín en 2019, aunque ya veníamos vendimiado sus uvas durante varios años.

Es un viñedo plantado en 1945. Está situado en el paraje “El Cañal” de Valdefuentes de Sangusín, es pequeña, tiene unos 900 metros cuadrados y en ella apenas sobreviven 300 cepas de Rufete.

El potencial que tiene, a mi juicio, no puede ser mejor; cepas viejas, ladera con ligera pendiente, orientación Sureste, altitud de algo más de 900 metros y suelo granítico con textura franco-arenosa. Sus uvas son un complemento ideal a las de la viña, “El Calvario” ya que ésta tiene características muy similares pero a una altitud de unos 650 metros.

aspecto inicial viña
Vista general de la viña antes de iniciar las labores de limpieza.

Habrá a quien sorprenda encontrar viñedos en este pueblo tan conocido por su dedicación a la ganadería, cosa que es cierta y que hacen muy bien, sin embargo hay que decir que, aunque pocas, aún conservan buenas viñas tanto en la linde con el término de San Esteban como en “El Cañal” zona muy próxima al pueblo frente a la Sierra de Béjar donde se encuentra nuestra viña.

El río Sangusín da nombre al pueblo de Valdefuentes y es un afluente del Alagón uno de los principales ríos de  la Sierra de Francia. Valdefuentes de Sangusín es uno de los municipios que delimitan las dos Sierras; la de Béjar y la de Francia, ambas consideradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO, lo que nos indica que puede haber importantes similitudes en cuanto a costumbres y cultivos, así como climatológicas y de suelo por lo que al parecer se incluyó este municipio dentro de la Denominación de Origen Protegida Sierra de Salamanca.

Pero la razón principal por la que nos encontramos viñedos en zonas que podemos denominar limítrofes a las que tradicionalmente se han dedicado al cultivo de la vid, imagino que tiene que ver con la obtención de vino para el autoconsumo, ya que éste antiguamente formaba parte de la dieta diaria de los trabajadores del campo, y servía como revulsivo en las labores con el heno durante los largos y calurosos días de verano.

esmellinando
Haciendo labores de limpieza previas a la poda, al fondo se puede ver la Sierra de Béjar.

A lo largo del mes de diciembre, con la hoja de la parra ya caída, inicio las labores del nuevo ciclo. Cepa por cepa voy “esmellinando”, que consiste en eliminar todo lo que sobra y dejar solamente los sarmientos que darán lugar a los nuevos brotes con tres o cuatro yemas. Más adelante, sobre mediados o finales de marzo haremos la poda definitiva que consiste en dejar solamente dos yemas más la ciega. Con esta práctica se va adelantando el trabajo en todas las viñas durante el invierno y retrasamos un poco la brotación de primavera para intentar salvar las heladas tardías. 

La idea general del trabajo en viña es de intervención mínima. Generalmente aplico un tratamiento preventivo contra posibles enfermedades producidas por hongos como el mildiu, y algunas bacterias a base de productos autorizados en agricultura ecológica.

detalle hielo
Detalle del suelo de la viña con los restos de poda en una fría mañana de invierno.

La cubierta vegetal la gestiono de forma mecánica, nunca aplico productos fitosanitarios que no estén autorizados en agricultura ecológica. Estas cepas son muy viejas y están bastante debilitadas por lo que hay que intentar generarle la menor competencia con la hierba. Por eso desbrozo dos veces al año y la aro a finales de la primavera o principios del verano, según vengan las condiciones meteorológicas.

cepa_2
Una de las cepas de la viña “La Hontanilla”.

Poco a poco iré recuperando esta preciosa viña para obtener de ella un caldo con la mejor calidad.